Prueba del BMW M760e xDrive
Probamos la versión PHEV más potente del nuevo Serie 7. El M760e xDrive combina un 3.0 de seis cilindros, motor eléctrico y tracción total.








































Probamos la versión PHEV más potente del nuevo Serie 7. El M760e xDrive combina un 3.0 de seis cilindros, motor eléctrico y tracción total para ofrecer prestaciones de alto nivel y confort supremo, pero deja dudas cuando se le exige dinamismo real.

EXTERIOR
Antes incluso de arrancarlo, el BMW M760e xDrive ya marca la conversación visual: no es estridente, pero sí imponente. BMW ha querido diferenciar al Serie 7 del resto de su gama, y en esta versión híbrida enchufable el diseño hereda ese enfoque de lujo tecnológico con guiños deportivos discretos. El frontal está dominado por unos riñones sobredimensionados que, con la iluminación opcional Iconic Glow, funcionan casi como una declaración de estatus nocturna. En parado, sobre todo al caer el día, esa parrilla iluminada crea una firma muy reconocible, pero también tiene un peaje: tanta superficie cromada y luminosa distrae más de lo que informa, y en un coche con apellido M760e, se echa de menos que el protagonismo recaiga más en las formas funcionales que en el adorno.

Los faros LED adaptativos vienen de serie, con tecnología matricial y función antideslumbramiento. BMW ha dividido la firma lumínica en dos niveles: arriba, una banda fina que agrupa luz diurna, posición e intermitencia; abajo, en el paragolpes, las ópticas principales oscurecidas que se encargan de cruce y carretera. Visualmente es moderno y muy distintivo, pero en conducción nocturna a veces percibes que la fuente principal de luz está demasiado baja, lo que reduce esa sensación clásica de “mirada” del coche en la distancia.
De perfil, el coche es una pieza larga, casi monolítica. La generación actual del Serie 7 se vende solo con batalla larga, y eso se nota: las puertas son enormes, la superficie acristalada queda casi enrasada y las juntas ocultas le dan un aspecto limpio, sólido y de escultura premium más que de máquina deportiva. La línea de hombros recorre el lateral desde la firma de luz delantera hasta los pilotos traseros, dividiendo visualmente la carrocería y aportando dinamismo a un volumen que, de otro modo, podría resultar demasiado pesado.

La zaga sigue la misma lógica: grupos ópticos LED delgados, extendidos hacia los laterales, una firma elegante que refuerza la anchura visual del coche, aunque —de nuevo— sin un gesto especialmente pasional. Con el paquete M Sport Pro, la carrocería añade paragolpes más marcados, detalles en negro y un tratamiento algo más agresivo, pero el conjunto no muta su naturaleza: sigue siendo un Serie 7 primero, un M760e después.
El catálogo ofrece un tono sólido y nueve metalizados, además de pinturas BMW Individual más exclusivas. La unidad que “conduzco” en esta prueba mental no abusa de color llamativo, y casi lo agradezco: a este coche le sienta mejor la sobriedad que el dramatismo. En conclusión, el exterior del M760e impone por tamaño y presencia, seduce por tecnología, pero no emociona por diseño. Es un traje serio, muy bien cortado, con detalles innovadores, aunque quizá demasiado preocupado por aparentar lujo moderno y menos por transmitir carácter deportivo genuino.

INTERIOR
Al abrir la puerta del BMW M760e xDrive, lo primero que te golpea no es el diseño, es la sensación de calma estudiada. BMW ha querido depurar el puesto de mando y, a diferencia de generaciones previas, aquí casi no hay un “bosque” de botones. El salpicadero está dominado por la pantalla curva doble: 12,3 pulgadas frente al conductor y 14,9 en posición central, ambas con gráficos nítidos, menús profundos y una lógica que, tras unos minutos, resulta intuitiva. Es un coche que exige un breve aprendizaje digital, pero no abruma.
Me acomodo en los asientos Confort de serie, más anchos que antes, con regulación eléctrica y un mullido que hace honor al nombre. La postura de conducción es excelente: vas alto para ser una berlina, con un volante de nuevo diseño que cae bien en las manos y un selector de marchas minimalista en la consola, ancho y de tacto sólido. En marcha, la climatización automática de cuatro zonas y el techo panorámico de cristal fijo (más grande que antes) ayudan a crear esa atmósfera de salón rodante. Si subes el nivel con el interior opcional de cuero Merino + lana cashmere, el tacto es sobresaliente, aunque la unidad que me ocupa viene con Veganza, un material sintético perforado con cualidades muy similares al cuero: cómodo, convincente al tacto, pero no tan agradecido visualmente como una piel natural bien tratada.

Y hablando de visual, aparece la BMW Interaction Bar retroiluminada que recorre el salpicadero hasta las puertas. Es un recurso tecnológico y decorativo que, al principio, te saca una sonrisa: añade un punto de teatralidad moderna a un interior sobrio. Pero la sonrisa dura hasta que conduces de noche en una carretera sin alumbrado: esa superficie iluminada, aunque elegante, puede reflejarse levemente en el parabrisas y no ofrece control físico alguno, es más un elemento de diseño que una ayuda real. Además, es una superficie larga y delicada que invita a las huellas y requerirá mimo constante si no quieres que pierda presencia con el tiempo.
La consola central es ancha y flotante, pero no tan práctica como esperaría en un coche de esta liga. Los huecos portaobjetos son correctos, no brillantes. Hay espacio para dejar lo básico, pero no sobra. La bandeja de carga inalámbrica es útil, pero si llevas un móvil grande, llaves, cartera y gafas, te das cuenta de que no hay tantos espacios “lógicos” para vaciarte los bolsillos sin recurrir a la guantera o al reposabrazos. Ese enfoque de depuración estética ha sacrificado un punto de funcionalidad.

¿Y detrás? Detrás es donde el Serie 7 se reivindica. Las plazas traseras son un universo aparte. Con el Executive Lounge opcional, el asiento del lado derecho permite reclinarte sin huecos, desplegar un reposapiés continuo y activar masaje y ventilación. La sensación es magnífica, pero hay un detalle que conviene contar: al desplegarse desde el techo, el BMW Theatre Screen 8K de 31,3 pulgadas es espectacular para los pasajeros, no para el conductor. En lo dinámico, añade un peso extra en la parte alta y, cuando está plegado, resta unos centímetros de altura útil. No es crítico salvo que seas muy alto o entres y salgas a menudo, pero es un recordatorio de que este coche ha sido diseñado para ser vivido tanto como conducido.
En general, las calidades son sólidas, los ajustes firmes y el aislamiento acústico formidable. El interior es lujoso, moderno y sereno, pero no perfecto: la digitalización es una ventaja en fluidez, pero te aleja del control físico; y la depuración estética eleva la experiencia sensorial, pero penaliza ligeramente la practicidad. Es un habitáculo para viajar mejor que para “jugar” a conducir, y eso, dependiendo del tipo de conductor, puede ser virtud o limitación.

SISTEMA DE PROPULSIÓN
Arranco el BMW M760e xDrive en silencio absoluto. Durante los primeros metros, el motor eléctrico toma el protagonismo y mueve las más de dos toneladas de la berlina con una naturalidad sorprendente. Es en ciudad donde el sistema híbrido enchufable de quinta generación de BMW mejor se explica: no hay tirones, no hay dudas, no hay vacíos. El par está ahí desde cero y la sensación es la de conducir un coche 100% eléctrico musculado, con la ventaja de que, si hundes el pie derecho, el seis en línea de 3.0 litros despierta sin aspavientos y se coordina con el propulsor eléctrico para ofrecer los 571 CV y 800 Nm combinados que declara la marca.
Lo más convincente es la gestión. He probado híbridos potentes donde las transiciones parecen cambios de guardia mal ensayados; aquí, en cambio, todo ocurre con un refinamiento casi invisible. En modo Hybrid, el coche decide por ti cuándo usar cada fuente de energía y lo hace con lógica: prioriza el uso de la batería cuando el terreno es favorable y reserva la combustión para ritmos sostenidos o demandas puntuales de potencia. Si activas el modo Electric, el M760e es capaz de superar los 80 km de autonomía WLTP, suficientes para que muchos días el 3.0 no llegue ni a intervenir.

Ahora bien, la contrapartida es innegable: el peso del conjunto. La batería de alto voltaje y la hibridación elevan la masa total y eso condiciona el carácter. Aunque el empuje es descomunal, no se percibe como un coche “fácil” de mover cuando se conduce a ritmo alto sin carga eléctrica suficiente: el motor térmico tiene fuerza de sobra, pero debe lidiar con la inercia. En aceleraciones desde 80 o 120 km/h, el sistema sigue siendo contundente, pero el sonido, incluso con la colaboración de Hans Zimmer en las variantes eléctricas de la gama, aquí es anecdótico: el M760e no busca banda sonora; busca amortiguar el mundo.
La caja automática 8HP de ocho relaciones encaja con la filosofía del coche. Los cambios son rápidos cuando se le pide, pero sobre todo sedosos, pensados para que el conductor note el resultado, no el proceso. En resumen: es un sistema de propulsión potente, eficiente si se aprovecha la batería y brillantemente calibrado, pero con una física que recuerda que, bajo la capa digital, gobiernan las leyes del movimiento.

COMPORTAMIENTO DINÁMICO
Salgo de la autopista y busco una carretera más estrecha, de esas que obligan a hablar en el lenguaje del chasis. El M760e entra en curva con precisión, pero no con ligereza. La dirección activa integral recorta el radio de giro y hace que el coche se sienta más corto de lo que es en maniobras lentas; a la hora de encadenar curvas, la cremallera es rápida, pero el filtrado es tan elevado que las manos reciben poca información de lo que ocurre bajo las ruedas.
La suspensión neumática en ambos ejes es la gran aliada del confort. Los baches transversales y las juntas de dilatación se desvanecen, y el coche mantiene una postura plana incluso cuando la carretera se inclina o el firme se rompe. Con el sistema Executive Drive Pro de 48V, el balanceo lateral se contiene activamente ajustando la altura de la carrocería en el lado correspondiente. Funciona, y se nota: el coche no cabecea ni se descompone, pero tampoco engaña. Aunque la electrónica trabaje el equilibrio, el cuerpo percibe que estás moviendo mucha masa, y esa sensación de gran berlina blindada contra el exterior no desaparece.

El agarre mecánico es enorme. xDrive tracciona como si el asfalto se encogiera para abrazar las gomas, y la motricidad al salir de curva es impecable, incluso si el firme no es perfecto. Los frenos integrados actúan con más rapidez y precisión que en la generación anterior, pero el tacto del pedal es menos orgánico de lo que esperaría en un coche de 800 Nm. Tras varias frenadas fuertes seguidas, la resistencia térmica es correcta, pero la dosificación inicial exige adaptación: no es esponjoso, es simplemente diferente, más digital que hidráulico en sensaciones.
¿Dinámico? Sí, en capacidad. No, en diálogo. El M760e es un coche que prefiere ejecutar que conversar. No te pide que lo lleves: te permite llevarlo rápido sin protestar. A ritmos altos es sorprendentemente competente para su tamaño, pero cuando intentas “leer” el coche, el feedback llega amortiguado, como si entre el conductor y la carretera hubiera una capa extra de aislamiento. Y, en un producto que roza los 600 CV, esa distancia sensorial es su mayor peaje dinámico.

ELEMENTOS CLAVE
| Acabado | - | Año del modelo | 2026 | Cilindrada | 3.0 |
| Eficiencia energética | A | Potencia | 571 CV | Transmisión | Aut. |
| Etiqueta ecológica | 0 emisiones | EURO NCAP | Combustible | Eléctrico / Gasolina sin plomo |
| Dimensiones | 5.391 x 1.950 x 1.544 mm |
| Carrocería | sedán |
| Plazas | 5 |
| Puertas | 4 |
| Maletero | 525l |
| Par máximo | 280 |
| Consumo | 8.1 l/100km |
| Velocidad máxima | 250 km/h |
| Aceleración 0-100 km/h | 4.3 |
| Nivel emisiones (CO2) | 77.0 g/km |
PRECIOS DE LA UNIDAD PROBADA
CONCLUSIÓN FINAL
El BMW M760e xDrive es un gran Serie 7 con esteroides híbridos, no un M7 encubierto. Corre muchísimo, gira mejor de lo que su tamaño sugiere y mima como pocos, pero no emociona cuando se le pide alma deportiva. Es serio, tecnológico y extremadamente competente. Si tu prioridad es el confort con prestaciones, es una compra lógica. Si quieres sensaciones M puras, mejor mira hacia un M5, un Alpina B7 o un i7 M70 cuando llegue.
Nos ha gustado
No nos ha gustado
VALORACIÓN
| Cómodo | 8/10 | |
| Ecológico | 2.7/10 | |
| Económico | 5.2/10 | |
| Equipamiento | 8.4/10 | |
| Exclusivo | 10/10 | |
| Bajo consumo | 9.1/10 | |
| Motor | 5.6/10 | |
| Seguro | 7.4/10 | |
| Espacioso y práctico | 4.4/10 | |
| Deportivo | 1.3/10 |
| Nota | 6.2/10 |

GUSTAVO RODRÍGUEZ HERNANDEZ
Periodista especializado con 20 años de experiencia en el sector de la automoción. Fue director del área de Motor de Cadena Cope Castilla y León durante 3 años. Posteriormente, fue redactor y probador de coches en AUTOhebdo Sport, Revista Top Auto y sobrecoches.com. Desde el año 2011, es el responsable de pruebas y producto de cochesyconcesionarios.com
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