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Prueba del Mazda MX-5 Roadster Coupé 1.8 Style
El roadster japonés sigue siendo uno de los automóviles más divertidos y encantadores del mercado
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El Mazda MX-5 es un auténtico veterano por el que no pasan los años. En este sentido, hoy por hoy es complicado -por no decir imposible- encontrar un coche con tanto encanto y personalidad. Para seguir disfrutando de la conducción y las bondades de este descapotable, en esta ocasión nos subimos a la versión Roadster Coupé, que equipa un rígido escamoteable. Respecto a la carrocería con techo de lona, la capota se pliega y despliega automáticamente y el nivel de ruidos aerodinámicos es menor, aunque sigue siendo un coche ruidoso en este apartado.

Con techo duro escamoteable

La capota se abre y se cierra en tan sólo 12 segundos, uno de los tiempos de maniobra más rápidos del segmento. Además, no resta absolutamente nada de espacio al maletero cuando está abierta y pesa tan sólo 37 kg (incluido el mecanismo de plegado). Gracias a ello, el Mazda MX-5 Roadster Coupe mantiene las mismas cualidades dinámicas que el MX-5 de capota blanda y conserva la misma distribución del peso, al 50% entre los dos ejes. El volumen del maletero, de 150 litros, también se conserva intacto.

El despliegue y pliegue de la capota es, además de rápido, muy sencillo. Para abrirla, tan sólo hay que desbloquear el cierre de seguridad que fija la capota al parabrisas. Una vez desbloqueado, hay que pulsar el botón de apertura dedicado para dicha función (ver imagen). Para cerrarla, se repite el mismo proceso, pero a la inversa.

Todos los mecanismos eléctricos que asisten al techo no son muy ruidosos y permiten que los movimientos sean suaves y progresivos, evitando que se produzcan movimientos bruscos.

Un interior con sabor añejo

El habitáculo está homologado para dos ocupantes. Como la carrocería es muy baja, el acceso al interior no es tan sencillo como el que se puede tener en la mayoría de los coches. Las personas de movilidad reducida y de mucha altura son las que encontrarán más dificultades.

Los asientos son de tipo baquet. No son muy envolventes, aunque resultan muy confortables. Los reposacabezas están integrados en el respaldo, y eso hace que no podamos regularlos en el punto ideal, sin embargo, no quedan lejos de la cabeza.

La posición al volante es realmente buena, y eso que se trata de un coche pequeño en el que el espacio del interior es el justo y necesario. La posición es muy baja y todos los mandos de control (volante, pedales y cambio) quedan muy a mano y justo en el punto ideal. Aunque el volante esté situado en una posición muy vertical, se maneja perfectamente y se llega a los pedales adecuadamente con el volante en la posición adecuada. El mando del cambio queda muy cerca, lo favorece la comodidad de uso.

Los dos asientos únicamente tienen regulación en longitud y, levemente, en inclinación. Ambos reglajes son suficientes para ir cómodos y, sobre todo, adaptarnos a los mandos lo mejor posible. Pese a que los cinturones de seguridad tienen una guía (ver imagen), éstos siempre se solían enredar con bastante facilidad.

Como cabe esperar en un coche con una carrocería tan baja, no hay demasiado espacio para que podamos estirar las piernas con cierta holgura, ya que el piso queda muy cerca de la banqueta del asiento.

En el asiento del acompañante se puede instalar dispositivos de retención infantil de los grupos 0 (hasta 10 Kg), 0+ (hasta 13 Kg), I (de 9 a 18 Kg), II (de 15 a 25 Kg), III (de 22 a 36 Kg).

Pese a que todos los materiales del interior tienen una calidad normal y son duros al tacto, logran transmitir muy buenas sensaciones visuales y táctiles. En líneas generales todas las piezas están bien ensambladas -no hemos percibidos crujidos parásitos y todo transmite mucha sensación de solidez-. Me gustó, especialmente, la parte más visible del salpicadero que, pese a estar fabricada con un material duro y de una calidad normal, ofrece un muy buen aspecto. Todos los plásticos son fáciles de limpiar y no hay que tener un cuidado especial para ello, ya que al ser tan sufridos, no hace falta que los limpiemos con productos especiales.

Tiene lo justo para conducir

El cuadro de instrumentación tiene una tipografía muy clara con una iluminación en rojo, tanto para las agujas, como para los relojes. Las diferentes esferas están bien ordenadas y diferenciadas. En uno de los puntos más visibles -la zona superior central-, se encuentra el medidor de temperatura de refrigerante del motor -la información que muestra no es demasiado útil, ya que ni es precisa, ni muestra ningún tipo de medición-. También en el centro, hay una pantalla multifunción digital con el fondo negro y con los testigos y dígitos en color rojo. Ofrece información sobre el kilometraje total y parcial, temperatura exterior y consumo medio (no muestra información sobre la autonomía, consumo instantáneo o velocidad media, por ejemplo).

La iluminación del cuadro de instrumentos y del resto de mandos y botones es muy suave y está bien elegida para que sea agradable a la vista, no canse cuando se circula de noche y permita ver perfectamente todos los pictogramas –salvo los mandos de los elevalunas, que no tienen ni pictogramas ni se iluminan-.

El volante es, sencillamente, perfecto. Es ideal por tamaño, grosor y diseño. Debería ser un ejemplo para la mayoría de los fabricantes que, últimamente, se empeñan en hacer del volante un elemento decorativo y no un mando esencial para la conducción. El aro está forrado en un cuero de tacto agradable que, además, no resbala. Los dos radios superiores integran varios mandos desde los que se puede manejar el equipo de sonido y el control de crucero  -todos están bien ordenados y funcionan de una forma precisa-.

Detrás del volante, están los típicos mandos satélite que se encargan de activar los indicadores de dirección, luces de cruce, carretera, antiniebla, limpia y lavaparabrisas y la sensibilidad del sensor de lluvia. Ambos son buenos por tacto y funcionamiento. Además, cuentan con una fabricación sólida, están bien anclados, no tienen movimientos extraños y están bien dispuestos. Como en la mayoría de los modelos japoneses, estos mandos ofrecen un tacto suave y tremendamente agradable.

En la puerta del conductor tan sólo se ubica el mando que permite regular el espejo de los retrovisores exteriores.

El mando a distancia integra tres botones dedicados que permiten abrir y cerrar las puertas y el maletero. Todos los botones son precisos y ofrecen un buen tacto.

Un buen climatizador y equipo de sonido

La consola central del salpicadero contiene todos los mandos que permiten controlar el sistema de climatización y el equipo de audio.

El climatizador funciona muy bien, ya que es silencioso y potente. El salpicadero integra seis salidas de aire que están bien ubicadas y que cubren perfectamente todo el campo de las plazas delanteras (hay dos salidas en los extremos, dos en la consola central y otras dos en la parte superior del salpicadero). Todas las funciones del climatizador se controlan desde tres mandos giratorios que funcionan muy bien y que facilitan mucho las cosas (también debería ser un ejemplo para otros fabricantes que se empeñan en complicar las cosas con mandos "innovadores" que, en algunos casos, son muy atractivos pero muy poco prácticos).

El equipo de audio ofrece un sonido limpio y potente. Gestiona tanto discos CD con mp3/wma/cd audio, como reproductores MP3 conectados vía Jack. Toda la información se muestra en una pantalla rectangular de cristal líquido que podía ser algo más completa y moderna.

Debajo de la consola central, hay una toma de 12V, un conector Jack y los mandos que permiten controlar la calefacción de los asientos.

Huecos y compartimentos

Aunque hay pocas zonas dedicadas para guardar objetos, los huecos que hay son prácticos y están muy bien ubicados. En las puertas hay un posavasos en el que se puede dejar una botella de 500 ml o un bote de 330 ml y una bolsa de red donde se pueden guardar un libro o un móvil, por ejemplo.

En el salpicadero únicamente hay dos compartimentos; un pequeño hueco situado a la izquierda del volante que no sirve para mucho, ya que carece de tapa, y una guantera de poca capacidad que no está iluminada.

Entre los dos asientos, hay un compartimento bastante práctico en el que se pueden guardar algunas cosas no demasiado grandes, además, integra un tirador que nos permite abrir la tapa que cubre la boca del depósito de carburante y se puede cerrar con la llave de contacto.

A la derecha del  conductor hay dos compartimentos muy prácticos; una pequeña bandeja que se encuentra en el pie de la consola central (ver imagen), y dos posavasos no demasiado amplios, pero que ayudan a dejar bebidas o los típicos objetos que solemos llevar encima.

La mayoría de los compartimentos no están guarnecidos.

La iluminación del habitáculo es muy pobre. Tan sólo hay un pequeño plafón, situado en la parte más alta del parabrisas que emite una luz poco intensa. Por lo demás, el resto de las zonas del habitáculo no cuentan con ningún tipo de iluminación.

Suficiente capacidad en el maletero


A pesar de que tiene una capacidad de 150 litros, da mucho de sí. Es suficientemente capaz para albergar el equipaje de dos personas para un fin de semana y también es apto guardar la compra semanal del supermercado.

El entorno está guarnecido parcialmente. El piso está recubierto con una moqueta aspera y bastante sufrida y, los bordes, están revestidos con diferentes piezas de plástico rígido que no están muy bien ensambladas. Por último, la parte superior y la tapa del maletero carecen de guarnecido.

Las herramientas y los triángulos de señalización están perfectamente ordenados y sujetos al maletero para que no molesten. El gato del coche está oculto en el lateral derecho del maletero.

Como en el resto del habitáculo, la iluminación del maletero es muy pobre. Ésta, corre a cargo de un pequeño plafón que ilumina muy poco (la luz se puede apagar o encender mediante un interruptor).

Como en la mayoría de los coches japoneses, la apertura y cierre de todas las puertas está muy cuidado. Dichas maniobras se realizan con suavidad y el cierre de las puertas está muy bien amortiguado.

El tapón del depósito de carburante es de rosca. Está unido a un cable semi-rígido que lo mantiene bastante sujeto. Aunque no molesta demasiado cuando se desenrosca, la tapa que cubre la boca del depósito de carburante, carece de soporte para que el tapón quede perfectamente sujeto y no moleste en las maniobras de repostaje.

Un motor atmosférico de los de antes

El Mazda MX-5 que es objeto de esta prueba, equipa un propulsor de gasolina de 1,8 litros con transmisión manual de cinco velocidades, que no presenta cambios con respecto a las versiones anteriores.

Este motor 1.8 litros atmosférico desarrolla 126 caballos de potencia máxima a 6.500 vueltas y ofrece un par máximo de 167 Newton metros a 4.500 revoluciones por minuto. Para mejorar el consumo de combustible, se ha reducido la relación final de la caja de cambios, por lo que el consumo medio se sitúa en 7,0 litros cada cien kilómetros (un 4 por ciento menos que antes). Esta versión emite de 167 gramos por kilómetro de CO2, por lo que hay que pagar el 9,75 % correspondiente al impuesto de matriculación.

Según nuestras mediciones, el consumo en autovía ha sido de 7,2 l/100 km a una velocidad máxima de 120 km/h. En ciudad, el consumo puede variar entre 8,5 l/100 Km y 10 l/100 Km, en función de las condiciones del tráfico y el tipo de conducción. Si el ritmo es ágil y nos movemos en carretera a un régimen de giro medio-alto, el consumo se puede llegar a incrementar hasta los 11,7 l/100 km.

Sin ser un motor especialmente brillante en líneas generales, al final termina cumpliendo. Como buen motor atmosférico con distribución variable que se precie, hay que llevarlo muy alto de vueltas para obtener las mejores prestaciones. En condiciones normales, su respuesta a bajo y medio régimen es muy satisfactoria, ya que la respuesta es muy eficiente.

Lo mejor de este motor es la rabia con la que sube de vueltas cuando se acelera en vacío (da la sensación de que tienen muy poca inercia), el nervio que tiene cuando el coche avanza y lo bien que suena a cualquier régimen -sin duda, lo mejor de todo-.

Este propulsor se encuentra asociado a un cambio manual de cinco velocidades, que tiene unos desarrollos demasiado largos. De hecho, en quinta a 120 kmh, el motor gira a 3.250 rpm. Si los desarrollos fueran un poco más cortos, probablemente se le sacaría mucho más partido al motor y se disfrutaría mucho más de la conducción.

El cambio tiene un tacto realmente bueno. Pese a que tiene un guiado muy duro y unos recorridos muy marcados, no resulta pesado de manejar y no cansa en ningún caso. Además, es muy preciso en las transiciones de las marchas y se puede utilizar con rapidez. Al igual que el cambio, los pedales de control (acelerador, freno y embrague) transmiten calidad y mucha precisión, algo que es muy difícil encontrar en la mayoría de los coches.

Un coche divertido como pocos

El Mazda MX-5 no es un coche concebido para recorrer largas distancias. Sobre todo porque es un coche ruidoso, por aerodinámica y por motor.

Si circulamos descapotados, se puede viajar muy cómodo hasta 80 km/h y, sin demasiados inconvenientes, hasta 120 Km/h. Si la temperatura exterior es baja, el sistema de calefacción del habitáculo y los asientos permite que podamos circular descapotados con un muy buen nivel de confort.

Sin duda es un coche especial, recomendable para los amantes de las sensaciones y de la conducción. En el MX-5 se siente todo; el aire, el motor y el estado de la calzada. Sientes que conduces un coche de verdad.

Al ser un coche tan “corto” (unos 4 metros) y bajo, visualmente se controlan muy bien las dimensiones de la carrocería y el tráfico se ve desde otra perspectiva. La primera sensación que tuve cuando pude recorrer los primeros metros por ciudad y por las rondas con tráfico denso, es la que se tiene cuando se conduce un kart. Mucha agilidad y rapidez de reacciones. Es toda una experiencia.

El MX-5 no es un coche especialmente ligero (pesa 1.150 kg) y potente (126 CV), no obstante, no es un coche torpe ni fácil de conducir cuando se quiere ir rápido. Pese a que sus prestaciones son más bien modestas, la sensación de velocidad es elevada, ya que es un coche que te lo transmite todo. Además, es un coche que hay que entenderlo y que no es fácil de conducir, ya que sus reacciones cuando se sobrepasan los límites de adherencia son bruscas y rápidas.

En curva lenta es un coche muy subvirador. Si queremos ser eficaces en este tipo de trazados, hay que penalizar mucho a la entrada de la curva, mantener una velocidad moderada en mitad de la misma y darlo todo a la salida.

En curva de velocidad media, es el trazado preferido de este coche y cuando uno se divierte de verdad. En estos casos, es muy importante jugar con la transferencia de masas para encontrar ese punto en el que el bastidor responde con un paso de curva neutro en el que el sobreviraje es importante para ir rápido.

Ya en curva rápida, circulando a altas velocidades, es un coche nervioso que exige mucha precisión y orden en la conducción si no queremos salirnos de la trazada.

El control de estabilidad se puede desconectar pulsando este botón. Si está activado, elimina de raíz cualquier tipo de pérdida en la trayectoria. El comportamiento del Mazda MX-5 es tan nervioso, que el control de estabilidad trabaja a destajo y, además, lo hace de una forma tan brusca y agresiva, que no te permite disfrutar de la conducción cuando se circula rápido.

En líneas generales, da la sensación que la puesta a punto del bastidor se podría haber afinado algo más, no obstante, el Mazda MX-5 es un coche con el que se puede ir muy rápido si se le entiende y comprende.

Los frenos se llevan un 10; son potentes, detienen el perfectamente el coche en las frenadas más exigentes y tienen un tacto sobresaliente que se asemeja mucho al que puede tener un coche de carreras (el pedal tiene un recorrido muy corto y se puede dosificar con mucha precisión).

La dirección tiene un tacto muy bueno, es precisa y muy directa. Además, su radio de giro (9,4 metros entre bordillos) es ideal para maniobrar y moverse por ciudad.

Su precio y equipamiento


El equipamiento de serie del Mazda MX-5 Coupe Roadster incluye ABS con distribución electrónica de la frenada (EBS) y DSC con control de tracción (TCS). Adicionalmente, la versión de 2,0 litros cuenta de serie con un super diferencial autoblocante. Entre los elementos de serie también se incluyen llantas de 16 pulgadas con neumáticos 205/50 (versión 1,8 litros), climatizador, volante regulable en altura, panel aerodinámico, llave retráctil, luneta trasera térmica, cierre centralizado con mando a distancia, elevalunas eléctrico y sistema de sonido Mazda (versión 1,8 litros).

El acabado Sportive, asociado al motor 2,0 litros, incorpora de serie llantas de aleación de 17 pulgadas, interior en piel beige con asientos calefactables, faros de xenon con lavafaros incorporado, autonivelación de faros y luces antiniebla.

También cuenta con un sistema de sonido Bose con siete altavoces y cambiador de CD. Este sistema utiliza control electrónico de frecuencias y tecnología de ajuste de la señal.

La versión más económica, que es ha sido la protagonista de esta prueba, está disponible desde 26.400 € (ver todos los precios).

Nuestra conclusión:

Cada vez que tenemos la oportunidad del probar un Mazda MX-5, nos reafirmamosen todo lo bueno que ofrece este coche, que es mucho. Es un roadster concebido para disfrutar de la conducción y de las sensaciones. Además, es un automóvil con cierta exclusividad, con una estética muy personal y con un precio que sigue siendo competitivo si lo comparamos con otros modelos equivalentes.
Goti Martínez Pérez

Responsable de la gestión diaria con los concesionarios, experto en campañas comerciales del motor desde el año 2004 de todas las marcas de coches que se venden en España. Conocedor en profundidad de los distintos planes de precios e incentivos para la compra de automóviles nuevos.

(no será publicado)

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